Fátima Pego, una voluntaria que decidió llenar el coche de agua

Fátima Pego, una voluntaria que decidió llenar el coche de agua.

Fátima Pego no estaba en primera línea de las llamas cuando decidió actuar, en agosto de 2025. Estaba ante una situación que, por su propia descripción, le resultaba difícil contemplar desde la distancia: el fuego avanzando por Galicia y afectando a lugares que forman parte de la vida cotidiana de miles de vecinos. Su respuesta fue sencilla y concreta. Preparó su coche, cargó agua y se dirigió hacia las zonas donde más falta hacía.

Su decisión nace de una relación muy particular con el territorio gallego. Pego explica que en Galicia la tierra y las aldeas forman parte de la identidad de quienes han crecido allí. Por eso, cuando el paisaje habitual queda amenazado por las llamas, la reacción emocional puede convertirse rápidamente en una necesidad de colaborar. «Cuando ves que tu tierra arde se te remueve algo dentro y necesitas ayudar», señala la voluntaria.

Una ayuda que empieza con un coche cargado de agua

La escena de Pego cargando el vehículo resume una de las muchas formas en las que los vecinos están tratando de responder a la emergencia. No todos pueden incorporarse a las labores desarrolladas junto a los equipos especializados, pero algunos encuentran otras maneras de aportar recursos que puedan resultar útiles en las zonas afectadas.

En su caso, el agua se convirtió en la prioridad. Garrafas y suministros básicos fueron trasladados hacia lugares donde los vecinos se encontraban haciendo frente a unas condiciones especialmente complicadas, mientras el fuego obligaba a concentrar esfuerzos en distintos puntos.

Pego reconoce que en ocasiones le gustaría poder estar más cerca de las llamas, aunque también admite que no siempre es posible ni se dispone de los conocimientos necesarios para intervenir directamente. Su papel terminó siendo otro: recoger aquello que podía conseguir y llevarlo hasta quienes lo estaban necesitando.

Las herramientas improvisadas que llegan a las aldeas

Entre las necesidades que han trasladado los vecinos se encuentra una herramienta sencilla destinada a combatir directamente pequeños frentes de fuego sobre el terreno. El batefuegos es una de las piezas que más se han solicitado en determinadas aldeas, según explica Pego, especialmente ante la falta de unidades suficientes para todos los vecinos que intentaban contener el avance de las llamas.

La voluntaria lo describe como una herramienta similar a una pala o a un remo, equipada con una superficie de goma que permite golpear la vegetación para sofocar las llamas. Su utilización aparece ligada a las tareas que algunos residentes desarrollan alrededor de sus propias viviendas y terrenos cuando el fuego se aproxima.

Pego también relata que algunos vecinos llegaron a arrancar ramas para utilizarlas contra las llamas, hasta el punto de terminar con heridas en los brazos. La escena refleja la tensión con la que determinadas familias afrontaron la llegada del fuego a sus inmediaciones y la necesidad de contar con herramientas adecuadas para las labores que estaban realizando.

De un palo de escoba a una herramienta para apagar llamas

La escasez de determinados materiales ha llevado a recurrir a soluciones elaboradas de forma artesanal. Según el testimonio de Pego, un batefuego puede fabricarse utilizando un palo de escoba como soporte y añadiendo una pieza de goma. Para conseguir ese elemento se pueden emplear materiales reutilizados, como alfombrillas de vehículos o fragmentos de neumáticos viejos, fijados mediante una estructura metálica.

Agua, material para curas y alimentos para animales

La colaboración vecinal no se limita a las herramientas destinadas a las llamas. La lista de necesidades trasladada por Pego incluye productos básicos que pueden resultar necesarios durante las horas de mayor actividad y desplazamiento de personas.

Entre ellos figuran garrafas de agua, material ignífugo, gafas, gasas y otros productos destinados a realizar curas, además de alimentos para los animales que han quedado sin pasto como consecuencia de la superficie afectada por el fuego. La variedad de las peticiones permite entender que las consecuencias de los incendios van mucho más allá de las zonas donde se concentran las llamas.

En las aldeas, además, la situación puede adquirir una dimensión especialmente compleja. El fuego afecta a terrenos, caminos, explotaciones y espacios donde las familias mantienen animales. Cuando el pasto desaparece, también surge una necesidad inmediata de encontrar alternativas para alimentar al ganado. Te esperamos en la próxima publicación de mundoextintores.es.

La organización de los vecinos ante una situación excepcional

Pego insiste en que quienes quieran colaborar deben ponerse en contacto con los ayuntamientos, los servicios de Protección Civil o los grupos de voluntariado que estén coordinando la llegada de materiales. La recomendación permite canalizar las aportaciones hacia los lugares donde puedan resultar necesarias y evitar desplazamientos desorganizados.

La solidaridad se ha traducido así en una red de pequeñas actuaciones. Un vecino puede aportar agua; otro, material sanitario; otros pueden encargarse de recoger productos o trasladarlos hasta una determinada localidad. Son acciones diferentes que terminan formando parte de una respuesta colectiva.

La propia experiencia de Pego refleja esa dinámica. Su participación comenzó con algo tan concreto como llenar el coche de suministros. A partir de ahí, su relato pone el foco en las necesidades que llegan desde las aldeas y en la capacidad de los vecinos para movilizar recursos en cuestión de horas.

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