Custodia del libro de mantenimiento PCI: ¿Propietario o empresa mantenedora? ¿Quién debe conservar la documentación de mantenimiento PCI?
La custodia de la documentación de protección contra incendios no debería quedar ligada exclusivamente al archivo de una compañía externa. El titular de la instalación debe conservar la documentación que permita acreditar las operaciones realizadas, mientras que la empresa que efectúa los trabajos también tiene sus propias obligaciones documentales.
El Real Decreto 513/2017, que aprueba el Reglamento de instalaciones de protección contra incendios (RIPCI), establece diferentes exigencias sobre la conservación de actas, certificados y justificantes de mantenimiento. El criterio resulta especialmente relevante cuando se produce un cambio de proveedor, una inspección o una incidencia que obliga a consultar el historial de la instalación.
La documentación debe permitir reconstruir de forma ordenada qué elementos han sido revisados, cuándo se realizaron las operaciones, qué resultados ofrecieron y si fueron detectadas deficiencias. Por ello, disponer de un expediente propio facilita la gestión y evita depender de archivos ajenos.
El titular debe mantener su propio expediente PCI
La responsabilidad documental del propietario o usuario ocupa un lugar central en el RIPCI. No basta con saber que una empresa ha realizado las revisiones: también debe existir constancia documental accesible para el titular de la instalación.
El Anexo II del reglamento contempla que tanto la empresa que haya realizado el mantenimiento como el usuario o titular conserven la constancia documental correspondiente al programa de mantenimiento preventivo durante, como mínimo, cinco años.
Esto afecta a establecimientos comerciales, industrias, comunidades de propietarios, oficinas, locales de hostelería y cualquier otra actividad que disponga de instalaciones sometidas al reglamento.
Un archivo ordenado debería reunir las actas de mantenimiento, certificados, listas de comprobación, informes de incidencias, reparaciones y documentación relativa a sustituciones. De esta manera, el titular puede disponer de una trazabilidad completa de la instalación sin depender de terceros.
Extintores y otros equipos: cada revisión debe dejar rastro documental
Dentro del expediente pueden figurar numerosos elementos de protección, desde sistemas de detección y alarma hasta BIE, abastecimientos de agua, hidrantes o sistemas fijos de extinción. El extintor también forma parte de ese historial cuando corresponde a una instalación sometida al RIPCI, y sus operaciones deben quedar adecuadamente documentadas.
La identificación de los equipos permite relacionar cada actuación con un elemento concreto mediante datos como el número de serie, ubicación, marca o modelo. Esta información adquiere especial utilidad cuando se sustituye un equipo, se detecta una anomalía o se necesita comprobar cuándo se efectuó la última actuación.
La empresa mantenedora también tiene obligaciones
La custodia documental no termina en el establecimiento. El RIPCI establece obligaciones específicas para las empresas que realizan operaciones de mantenimiento y reparación.
Una empresa mantenedora PCI debe conservar durante el periodo reglamentario la documentación justificativa de los trabajos efectuados. El expediente debe permitir conocer las fechas de las actuaciones, sus resultados, las incidencias encontradas y los elementos que hayan sido reparados o sustituidos.
Además, debe emitir la documentación correspondiente al mantenimiento periódico y comunicar al titular las fechas en las que proceda realizar las operaciones reglamentarias. Cuando se detecten deficiencias que afecten al funcionamiento o adecuación de los sistemas, estas circunstancias deben quedar reflejadas y comunicarse al responsable de la instalación.
Por tanto, existen dos archivos que cumplen funciones complementarias: el del titular y el de la empresa mantenedora. Ninguno debería sustituir al otro.
¿Cuánto tiempo debe conservarse el libro de mantenimiento?
El periodo mínimo que establece el RIPCI para esta documentación es de cinco años en los supuestos contemplados por sus obligaciones documentales.
Este plazo no significa que resulte conveniente eliminar automáticamente los documentos una vez cumplidos los cinco años. Mantener un histórico más amplio puede ayudar a conocer la evolución de los sistemas, identificar sustituciones anteriores y comprobar si determinadas deficiencias se han repetido.
Para el titular, conservar la documentación de forma cronológica puede simplificar cualquier revisión posterior. Una estructura digital organizada por años, equipos y tipos de actuación permite localizar rápidamente un certificado o un acta concreta.
Los registros deben identificar qué se revisó
Una documentación eficaz no debería limitarse a indicar que se ha realizado una revisión. El seguimiento debe permitir saber qué producto o sistema fue sometido a mantenimiento y cuál fue el resultado obtenido.
Entre los datos relevantes pueden encontrarse el tipo de equipo, marca, modelo, identificación individual, operaciones efectuadas y resultado de las comprobaciones. Cuando se detectan anomalías, también deben reflejarse las acciones propuestas.
Esta información convierte el expediente en un verdadero historial técnico. Para el titular, además, facilita comprobar qué elementos permanecen instalados y cuáles han sido reemplazados con el paso del tiempo.
Las actas de mantenimiento requieren la intervención del titular
La documentación de las actuaciones realizadas por una empresa mantenedora no queda desvinculada de la propiedad. Las actas deben recoger las firmas correspondientes, incluida la del representante de la propiedad cuando así proceda.
La firma permite dejar constancia de la realización de las operaciones y de la participación de las partes implicadas. También facilita posteriormente determinar qué actuación se llevó a cabo, sobre qué sistemas y en qué fecha.
Por esta razón, el titular debería solicitar y archivar las copias de las actas y certificados generados después de cada mantenimiento, en lugar de confiar exclusivamente en que la empresa contratada los conserve.
Un archivo digital puede facilitar la custodia
El formato digital permite centralizar certificados, actas e informes siempre que la documentación pueda conservarse correctamente y mantenerse disponible cuando sea necesario.
Una organización sencilla puede separar la documentación por ejercicios y clasificarla después en carpetas de actas, certificados, reparaciones, incidencias e inspecciones. También resulta útil mantener una relación actualizada de los equipos existentes.
El objetivo es evitar que un cambio de empresa provoque la pérdida del histórico. Si el titular conserva sus propios documentos, la llegada de un nuevo mantenedor no supone comenzar desde cero ni depender de la disponibilidad del archivo anterior.
¿Qué sucede cuando se cambia de empresa mantenedora?
La sustitución de la empresa encargada del mantenimiento no borra las actuaciones realizadas anteriormente. El historial pertenece a la instalación y debe mantenerse disponible para acreditar su evolución documental.
La nueva compañía generará las actas y certificados correspondientes a los trabajos que efectúe desde su incorporación. Sin embargo, los documentos de periodos anteriores deben permanecer en poder del titular dentro de los plazos reglamentarios aplicables.
Antes de formalizar el cambio puede resultar conveniente comprobar que el expediente contiene las últimas actas, certificados, informes de deficiencias y justificantes de reparación. De esta forma, la nueva empresa dispone de información suficiente para conocer el estado documental de los sistemas.
Los equipos deben quedar correctamente identificados
La identificación individual de los elementos facilita especialmente el seguimiento de las actuaciones. En instalaciones con numerosos equipos, conocer únicamente el número total resulta insuficiente para reconstruir el historial.
Los registros pueden asociar cada elemento con su ubicación, modelo, número de serie u otro sistema que permita distinguirlo de los demás. Esto ayuda a relacionar una operación concreta con el equipo correspondiente.
Los extintores constituyen un ejemplo claro de la utilidad de esta trazabilidad, ya que las actuaciones periódicas, sustituciones o incidencias pueden afectar a unidades concretas dentro de una misma instalación.
¿Qué documentación conviene conservar?
Un expediente PCI completo puede reunir, entre otros, los siguientes documentos:
- Actas de mantenimiento periódico.
- Certificados emitidos tras las operaciones.
- Listas de comprobación utilizadas durante las revisiones.
- Informes de deficiencias.
- Justificantes de reparaciones.
- Registros de elementos sustituidos.
- Documentación técnica de los equipos.
- Instrucciones de utilización y mantenimiento.
- Actas de inspecciones periódicas cuando sean exigibles.
- Documentación relativa a modificaciones o ampliaciones.
- Registros de incidencias relevantes.
La organización debe permitir localizar rápidamente la documentación relacionada con cada equipo o sistema. Una carpeta llena de justificantes sin clasificación puede cumplir formalmente una función de archivo, pero resulta mucho menos útil ante una comprobación.
La inspección puede poner a prueba la custodia documental
Cuando una instalación queda sometida a una inspección, disponer de la documentación correctamente archivada facilita acreditar las actuaciones realizadas. El titular debe poder acceder a las actas y demás documentos que correspondan.
El artículo 21 del RIPCI contempla la disponibilidad de las actas de mantenimiento para los servicios competentes en materia de industria durante el plazo establecido. Por ello, la documentación no debería permanecer únicamente en los sistemas internos de la empresa contratada.
La custodia por duplicado ofrece una ventaja práctica: si una de las partes pierde un documento, la otra puede disponer de una copia que permita reconstruir el historial.
Una responsabilidad compartida, no exclusiva
La pregunta sobre quién debe guardar el libro de mantenimiento PCI tiene una respuesta que pasa por distinguir entre custodia del titular y conservación documental de la empresa mantenedora. El propietario o usuario necesita disponer de su propio expediente, mientras que la empresa que ejecuta los trabajos debe conservar la documentación derivada de sus actuaciones conforme a las obligaciones del RIPCI.
Mantener ambos archivos actualizados permite acreditar las revisiones, consultar los antecedentes de los equipos y afrontar con mayor orden cualquier inspección o cambio de proveedor. La documentación, correctamente identificada y conservada, forma parte de la gestión técnica de las instalaciones y aporta continuidad al mantenimiento a lo largo del tiempo.

