¿Qué tipos de tuberías protegen los collarines intumescentes?

¿Qué tipos de tuberías protegen los collarines intumescentes?

En el terreno resbaladizo de la seguridad contra incendios, hay elementos que pasan desapercibidos pero que marcan la diferencia entre una tragedia y un susto. Uno de ellos, silencioso, discreto y absolutamente determinante, es el collarín intumescente. Ahora bien, no todos los tubos son iguales, y no todos los collarines sirven para todos. Por eso, en este recorrido riguroso y sin concesiones, vamos a explicar qué tipos de tuberías protegen los collarines intumescentes y por qué son una barrera vital en entornos donde el fuego no puede tener segundas oportunidades.

La esencia del collarín intumescente: el escudo invisible

El collarín intumescente es un dispositivo de protección pasiva contra incendios que, al exponerse al calor, expande su material interno para sellar huecos provocados por la deformación o desaparición de una tubería en llamas. No es una casualidad que su uso sea obligatorio en la mayoría de proyectos conforme al CTE (Código Técnico de la Edificación) y normativa europea. Pero el detalle que muchos ignoran es que no todas las tuberías provocan el mismo tipo de riesgo. Y es ahí donde empieza la precisión quirúrgica del sistema.

Los collarines están diseñados fundamentalmente para tuberías plásticas combustibles, porque estas, al alcanzar temperaturas elevadas, se funden y dejan un vacío por donde el fuego, el humo y los gases pueden filtrarse sin ningún tipo de control.

En ese instante crítico, cuando la temperatura alcanza los 150-200 °C, el collarín se activa, se infla como un salvavidas contra el infierno y obstruye el paso del fuego. La instalación de estos elementos no es un detalle decorativo ni una sugerencia técnica: es una decisión estratégica que puede determinar el futuro de un edificio, de una industria… o de una vida.

Por eso, es crucial conocer cuál es la relación entre los tipos de tuberías y el comportamiento de estos dispositivos. En esta cuestión, como en tantas otras en el mundo de la protección pasiva. Si necesitas profundizar más, puedes ver este hilo: collarines intumescentes normativa.

Tuberías plásticas: el objetivo prioritario del collarín

Las tuberías plásticas combustibles son, sin ninguna duda, las principales candidatas a recibir la protección de un collarín intumescente. Esto no es una cuestión estética ni aleatoria: es la consecuencia directa de su comportamiento al fuego.

Cuando una tubería de PVC o polietileno empieza a arder, lo hace sin apenas avisar. Se deforma, se derrite y se esfuma, dejando un hueco libre en la pared, el forjado o el paso técnico. Es justo ahí cuando el collarín se convierte en protagonista.

Los tipos de tuberías plásticas más comunes que requieren esta protección incluyen:

  • PVC (Policloruro de vinilo)
  • PE (Polietileno)
  • PP (Polipropileno)
  • ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno)
  • PB (Polibutileno)
  • PPR (Polipropileno Random)
  • Multicapa (PE-AL-PE o PEX-AL-PEX)

Es en estas tuberías donde el collarín actúa como una barrera reactiva, eficaz y precisa. El material intumescente se infla al contacto con el calor y sella el hueco de forma hermética.

Esta reacción no es un truco de magia. Es fruto de la ingeniería aplicada al servicio de la seguridad. Y quien se dedique al diseño, instalación o mantenimiento de sistemas contra incendios lo sabe bien. Por eso, confiar en empresas contra incendios con experiencia en ignifugaciones no es una opción: es una necesidad operativa y legal.

¿Y las tuberías metálicas? Un caso aparte

Las tuberías metálicas, como las de acero o cobre, no se funden ni desaparecen durante un incendio. Entonces, ¿por qué a veces se colocan collarines en ellas? Muy sencillo: porque puede existir un hueco entre la tubería y la estructura donde atraviesa (muros, suelos, techos). Ese hueco también representa una amenaza.

En estos casos, el material intumescente no reacciona al colapso del tubo (porque no lo hay), sino que rellena el espacio vacío para evitar el paso del fuego y el humo. Aquí el collarín actúa más como un tapón inteligente que como un reactivo térmico. Pero su función sigue siendo esencial.

La clave está en el diseño del paso de instalaciones. Si existe cualquier junta abierta, la estanqueidad al fuego se compromete. Y ahí, una vez más, entra en juego la protección pasiva: esa estrategia callada, que no se activa con sirenas pero que salva edificios enteros desde la arquitectura y la ingeniería.

Importancia de la ignifugación y de trabajar con expertos

No es exagerado afirmar que, en una situación de incendio, los segundos importan. Y cuando hablamos de segundos, hablamos de soluciones que respondan sin esperar instrucciones. Los collarines intumescentes son uno de esos dispositivos que funcionan sin preguntar, reaccionando al calor como una defensa entrenada.

Pero no basta con tenerlos. Hay que instalarlos bien. Hay que dimensionarlos de forma adecuada. Hay que elegir los modelos homologados. Y sobre todo, hay que integrarlos dentro de una estrategia completa de ignifugación profesional.

Las empresas de ignifugaciones no solo instalan productos. Diseñan escudos invisibles que, en caso de emergencia, se comportan como un ejército entrenado. Evaluar bien el tipo de tubería, el riesgo del entorno y la ubicación del paso es parte del trabajo técnico. Y no es un trabajo para cualquiera.

Sin collarín, el tubo es una autopista para el fuego

¿Qué tipos de tuberías protegen los collarines intumescentes? Protegen las que más lo necesitan: las que, en caso de incendio, desaparecen dejando una vía abierta al desastre. También protegen huecos en tuberías metálicas que podrían convertirse en grietas mortales si no se tratan. Pero sobre todo, protegen el edificio, sus ocupantes y la integridad de todo un proyecto constructivo.

Por eso, la elección del collarín adecuado y su instalación correcta no es un detalle técnico. Es una decisión estructural. Una inversión en seguridad. Una responsabilidad legal. Y una muestra inequívoca de profesionalidad.

La próxima vez que veas una tubería, pregúntate: ¿está protegida? ¿Está sellada? ¿Está lista para resistir el fuego? Si la respuesta no es un sí rotundo, el riesgo ya está dentro.

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