Prevención de incendios: la revisión trimestral que tu comercio no puede saltarse
En el corazón de cualquier negocio —sea una tienda de ropa en el centro, un restaurante de barrio o un taller de reparaciones— late un enemigo silencioso que no entiende de horarios ni de márgenes de beneficio: el fuego. Por eso, hoy más que nunca, la prevención de incendios se ha convertido en un deber ineludible para los comercios. Y no es una recomendación: es ley.
La obligación legal que ningún comercio puede ignorar
Desde la aprobación del Real Decreto 513/2017, que regula las instalaciones de protección contra incendios, todos los titulares de un local comercial están obligados a llevar a cabo revisiones trimestrales de sus sistemas de protección. Esta normativa no se queda en palabras bonitas: exige medidas concretas, como el chequeo periódico de extintores, señalización visible y operatividad de los equipos.
Pero no se trata solo de cumplir con el BOE para evitar multas. Se trata de proteger vidas, patrimonio y reputación empresarial. Porque, como bien advierte el informe ‘Estamos Seguros’ de UNESPA, aunque el 71,4% de los incendios suceden en viviendas, un 8,5% afecta a comercios, lo que los sitúa por delante incluso de las industrias.
Y es que la red eléctrica es hoy el principal culpable de estos siniestros en negocios. Cables sobrecargados, instalaciones obsoletas, enchufes forzados… el fuego no necesita mucho para empezar a devorarlo todo.
Aquí es donde entra en juego la protección activa contra incendios, un conjunto de soluciones como sistemas de detección automática, rociadores y extintores que pueden marcar la diferencia entre un susto y una tragedia. No basta con tenerlos: hay que vigilarlos, revisarlos y mantenerlos operativos.
¿Y las ignifugaciones? La gran aliada invisible
En toda estrategia de prevención eficaz, hay una protagonista silenciosa que suele quedar en segundo plano: la ignifugación. Nos referimos a los tratamientos que se aplican sobre materiales y estructuras para retardar la propagación del fuego, un recurso cada vez más imprescindible en locales que manejan papel, textiles, madera o cualquier material inflamable.
Ahora bien, muchos comerciantes se preguntan: ¿Las ignifugaciones se revisan también? La respuesta es sí. Al igual que cualquier otra medida de protección pasiva, estos tratamientos pierden eficacia con el tiempo o por desgaste del material, por lo que deben ser verificados periódicamente por empresas certificadas.
Y otra cuestión habitual: ¿Están también los comercios obligados a ignifugar? La normativa no lo exige en todos los casos, pero sí lo recomienda firmemente cuando hay riesgo medio o alto de incendio, especialmente en comercios situados en zonas con gran afluencia de público o que almacenan productos combustibles.
El coste de ignorar esta medida puede ser devastador. No solo por el fuego en sí, sino por las consecuencias económicas y legales que se derivan. De hecho, los daños económicos por incendios en comercios han subido un 11,5% en los últimos años, según datos de UNESPA.
Todo comienza por algo tan sencillo como revisar el estado del sistema de extinción. Aquí entra la importancia de la revisión de extintores. Porque de nada sirve tener un extintor si está descargado, oculto tras una caja o fuera de su periodo de validez.
Conatos de incendio: pequeños fuegos, grandes advertencias
No todos los incendios son espectaculares. De hecho, la mayoría son conatos, es decir, pequeños inicios de fuego que no llegan a propagarse gracias a una respuesta rápida. Pero eso no los hace menos peligrosos. El humo, los gases tóxicos y el pánico pueden provocar situaciones mortales, incluso sin llamas a la vista.
Antonio Tortosa, vicepresidente de Tecnifuego, lo deja claro: «Un conato puede ser apagado por un particular, pero lo que se quema expulsa gases que afectan a la respiración y pueden producir asfixia. Incluso lo que se conoce como muerte dulce”.
Por tanto, ignorar un conato o asumir que «no es nada» es un grave error. Cada incidente, por pequeño que parezca, es un aviso de que algo no funciona como debería en la instalación o en los protocolos de seguridad.
Y para no repetir errores, es fundamental la formación. Saber usar un extintor, evacuar de forma ordenada, reconocer señales de sobrecarga eléctrica o detectar un olor sospechoso puede salvar vidas.
Para mantenerse actualizado en estos temas, recomendamos visitar este blog contra incendios, donde se publican noticias, consejos y novedades sobre normativa y prevención.
¿Qué tipo de comercios están obligados a ignifugar?
La obligatoriedad de ignifugar no es universal, pero sí es cada vez más común en sectores donde los riesgos son evidentes. Restaurantes, panaderías, tiendas de ropa, almacenes y locales con estructuras de madera o techos falsos están entre los principales candidatos.
Por ejemplo, en un restaurante, la grasa acumulada en las campanas de extracción puede actuar como combustible, y si las superficies no están tratadas, el fuego se propaga a una velocidad que no da margen de reacción. En las tiendas textiles, una chispa eléctrica basta para convertir perchas y probadores en una trampa mortal.
Por eso, muchas aseguradoras empiezan a exigir ignifugaciones para conceder coberturas o reducir primas, sobre todo en locales antiguos o con estructuras poco resistentes al fuego.
¿Cuánto puede costar no cumplir?
Mucho más de lo que cuesta prevenir. Reparar los daños de un incendio en un comercio puede oscilar entre 1.500 y 5.000 euros, solo por la parte eléctrica. Si se suma mobiliario, productos perdidos, cierre temporal, sanciones e indemnizaciones, la factura se dispara.
Además, si en la inspección se detecta que no se han hecho las revisiones trimestrales, las multas pueden ser severas, y en caso de incendio, la aseguradora podría negarse a cubrir los daños.
La revisión trimestral como salvavidas comercial
No hay margen para el olvido. Cada trimestre, el titular del comercio debe revisar sus equipos contra incendios y dejar constancia de ello en un acta firmada, que debe conservar durante al menos 5 años. Las revisiones anuales deben realizarse por empresas autorizadas, que además pueden ofrecer recomendaciones adicionales según la actividad del negocio.
Ignorar esta obligación no solo pone en juego la seguridad de clientes y empleados, sino que compromete la continuidad del negocio. Porque cuando llega el fuego, no hay segundas oportunidades.
Revisar, ignifugar y proteger. Porque lo que no se ve, también arde.

