Bengalas con champán: en el paseo de La Castellana se juega con fuego cada noche

Bengalas con champán: en el paseo de La Castellana se juega con fuego cada noche. Inseguridad creciente en el ocio nocturno madrileño.

La imagen se repite noche tras noche en uno de los ejes más emblemáticos de Madrid. Desde la plaza de Colón hasta la estación de Metro de Gregorio Marañón, en apenas dos kilómetros del paseo de La Castellana, el brillo de las luces pirotécnicas se ha convertido en un elemento habitual del ocio nocturno. Bengalas insertadas en botellas de champán, antorchas encendidas entre mesas repletas de clientes y destellos constantes iluminan terrazas y salones cerrados, creando un escenario tan llamativo como peligroso.

El riesgo dejó de ser una hipótesis hace apenas unos días, cuando en el restaurante Fanático, uno de los locales de moda de la capital, un trabajador tuvo que intervenir de urgencia para sofocar un conato de incendio originado durante una de estas celebraciones. La rápida actuación evitó consecuencias mayores, pero el episodio encendió todas las alarmas entre empleados, clientes y profesionales de la seguridad contra incendios. 

Pese a ello, las colas continúan formándose a diario en la puerta de los locales, mientras el Ayuntamiento de Madrid sigue sin una ordenanza específica que prohíba de forma clara el uso de pirotecnia en establecimientos de ocio. La sensación generalizada entre quienes trabajan en la zona es contundente: no se trata de si ocurrirá un accidente grave, sino de cuándo.

El auge de la pirotecnia en locales de restauración y ocio

En los últimos años, la experiencia del cliente se ha transformado en un espectáculo permanente. La presión por ofrecer celebraciones “instagrameables” ha llevado a muchos locales a incorporar elementos visuales de alto impacto, sin valorar adecuadamente los riesgos asociados. Las bengalas de interior, originalmente diseñadas para usos muy concretos y controlados, se utilizan sin protocolos claros en espacios cerrados, con techos bajos, materiales inflamables y una alta densidad de personas.

Desde un punto de vista técnico, el problema no es únicamente la llama visible, sino las chispas incandescentes, la temperatura que alcanzan estos dispositivos y la proximidad a textiles, decoraciones y sistemas de climatización. La combinación de alcohol, fuego y espacios concurridos constituye un escenario de riesgo elevado, especialmente cuando no existen planes de autoprotección ni formación específica del personal.

Soluciones pasivas de protección frente al fuego en edificios

Ante este contexto, la prevención adquiere un papel esencial. Más allá de las medidas organizativas, existen soluciones técnicas diseñadas para limitar la propagación del fuego y proteger tanto a personas como a instalaciones. Una de las más relevantes en edificios de uso público es el collarin intumescente, un elemento clave en la sectorización contra incendios.

Estos dispositivos se instalan en pasos de instalaciones que atraviesan muros y forjados resistentes al fuego. En caso de incendio, el material intumescente se expande al alcanzar altas temperaturas, sellando el hueco y evitando la propagación de llamas, gases y humos tóxicos a otros sectores del edificio. En locales de ocio nocturno, donde coexisten cocinas, almacenes, zonas técnicas y áreas de público, su correcta instalación resulta determinante para contener un incendio en sus fases iniciales.

Equipos de primera intervención: una barrera decisiva

Junto a la protección pasiva, la capacidad de respuesta inmediata marca la diferencia entre un incidente controlado y una emergencia de grandes dimensiones. La presencia de un extintor ABC en condiciones óptimas fue precisamente lo que permitió al empleado de Fanático sofocar el conato de incendio sin que se produjeran daños personales.

Este tipo de extintor es especialmente versátil, ya que actúa sobre fuegos de clase A (materiales sólidos), B (líquidos inflamables) y C (gases), cubriendo la mayoría de los riesgos presentes en un restaurante o discoteca. No obstante, la simple presencia del equipo no es suficiente. Su ubicación debe ser accesible y visible, el mantenimiento debe ser riguroso y el personal ha de estar formado para utilizarlo con rapidez y seguridad bajo presión.

Marco legal y obligaciones de los establecimientos

La ausencia de una ordenanza municipal específica sobre el uso de pirotecnia en el ocio nocturno no exime a los empresarios de sus responsabilidades. Existen normativas de ámbito estatal y autonómico que regulan las condiciones de seguridad en establecimientos abiertos al público. La normativa extintores establece claramente los criterios de instalación, señalización, revisión y mantenimiento de los sistemas de protección contra incendios.

El incumplimiento de estas obligaciones puede derivar en sanciones administrativas, cierre temporal del local e incluso responsabilidades penales en caso de daños personales. Además, las compañías aseguradoras analizan de forma exhaustiva el grado de cumplimiento normativo antes de responder ante un siniestro, lo que convierte la prevención en una inversión estratégica y no en un mero trámite.

La responsabilidad compartida en la seguridad del ocio nocturno

La situación actual en el paseo de La Castellana pone de manifiesto una cadena de responsabilidades. Por un lado, los propietarios de los locales deben priorizar la seguridad frente al impacto visual de sus celebraciones. Por otro, las administraciones públicas tienen la obligación de dotarse de herramientas normativas claras que eviten interpretaciones ambiguas y prácticas peligrosas.

Desde una perspectiva profesional, la seguridad contra incendios no admite improvisaciones. Cada elemento decorativo, cada espectáculo y cada modificación del local debe evaluarse bajo criterios técnicos, considerando la carga de fuego, las vías de evacuación y la capacidad de intervención inmediata.

Prevención, formación y control: el camino hacia un ocio seguro

Reducir el riesgo no implica renunciar a la experiencia del cliente, sino gestionarla de forma responsable. Existen alternativas seguras a la pirotecnia convencional, así como protocolos de actuación que minimizan la probabilidad de incidentes. La formación continua del personal, las auditorías de seguridad periódicas y la correcta integración de sistemas activos y pasivos de protección constituyen la base de un ocio nocturno sostenible.

Lo ocurrido en La Castellana debe interpretarse como una advertencia clara. La prevención no es negociable cuando se trata de vidas humanas, y cada noche sin regulación específica incrementa la probabilidad de un accidente grave. La seguridad, lejos de restar valor a la experiencia, es el pilar que permite que la actividad económica y el disfrute convivan sin poner en juego lo más importante.

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